Era noche y estaba muy cansada. Los asientos de autobús siempre me han resultado incómodos; tan duros y pequeños.
Traté de cerrar los ojos y escuchar la lluvia, siempre calma mis ánimos... Pero aún así, no podía conciliar el sueño.
Mirar por la ventana se convirtió en mi pasatiempo favorito tras tantos problemas; el incesante golpeteo de la lluvia, la luz de la Luna a través del cristal y las estrellas titilantes en la eterna oscuridad.
La carretera parecía interminable y las horas transcurrían lentamente. Pero ya no importaba. Los árboles, los arbustos y las praderas, se iban persiguiendo alegremente.
Mis párpados se volvían pesados a cada momento pero no podía dejar de hacer figuras con las nubes del anochecer.
La suave respiración de mi hermano me llevaba lentamente al mundo de los sueños; el precioso sonido del silencio, las montañas a lo lejos...
Traté de cerrar los ojos y escuchar la lluvia, siempre calma mis ánimos... Pero aún así, no podía conciliar el sueño.
Mirar por la ventana se convirtió en mi pasatiempo favorito tras tantos problemas; el incesante golpeteo de la lluvia, la luz de la Luna a través del cristal y las estrellas titilantes en la eterna oscuridad.
La carretera parecía interminable y las horas transcurrían lentamente. Pero ya no importaba. Los árboles, los arbustos y las praderas, se iban persiguiendo alegremente.
Mis párpados se volvían pesados a cada momento pero no podía dejar de hacer figuras con las nubes del anochecer.
La suave respiración de mi hermano me llevaba lentamente al mundo de los sueños; el precioso sonido del silencio, las montañas a lo lejos...

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