miércoles, 15 de julio de 2009

La gente critica.

Lo hace todo el tiempo. Es su naturaleza.

Pero lo interesante aquí es, que todos decimos cosas. Nos jactamos de ser y conocer muchas cosas y situaciones, pero, extrañamente, cometemos los errores que nosotros mismos criticamos.

Las personas hablan de otras personas como seres inmorales, incultos, ignorantes o mediocres; pero nunca miran en su interior. ¿Qué tan lejos estas de aquel al que criticas?

No lo digo como una crítica más. A decir verdad, no me salvo de esta situación. Tristemente, me he visto en la misma situación, y lo reconozco. Pero el reconocerlo, no me salva ni me excenta de ninguna forma, es sólo ... Digamos que es una observación, dado que es lo único que puedo hacer, observar.

Por desgracia, ni siquiera la observación se logra hacer nunca de una manera objetiva o completa, pero será un tema que toquaré después.

¿Por qué criticamos?

Porque, seamos sinceros, todos lo hemos hecho alguna vez; a alguien, o a algo.

Una persona, una situación o un simple objeto ha sido víctima de nuestras críticas alguna vez. Y me he dado cuenta que es inevitable, así de simple. Pero sigo sin entender, ¿por qué ocurre?
¿Qué ganamos con criticar? ¿Cambiará la situación con solo decir qué tiene de bueno y qué de malo, en su única y singular opinión?
¿Se siente uno mejor al expresar cosas horribles de alguien o algo más?

En mi particular opinión, no.

Criticamos a la gente a nuestro alrededor. Les decimos cosas horribles sin que ni siquiera lo noten pero, ¿con qué objeto?

Criticamos actitudes, formas de ser, actuar, vestir e incluso vivir.

Criticamos a la sociedad, al gobierno, al mundo en sí. ¿Qué ganamos? Nada será mejor si sólo criticamos.

La verdad, nunca me sentí mejor haciendo sufrir a alguien más...


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