martes, 30 de junio de 2009

Lo primero que pensé en cuanto me subí al avión fue: -Perfecto! Si el avión falla y empieza a quemarse, seré la primera en morir. Espero estar dormida si eso ocurre.- Y era cierto, pues detrás de mi esta la turbina y el ala derecha del avión; pero eso no importa ahora pues la vista que tengo dede esta ventanilla es impresionante. Desde el despegue, vi como mis problemas se quedaban en tierra como el resto de los autos, camiones y personas allá abajo.

Mientras miraba como se volvían minúsculas todas esa cosas, descubrí una vez más que mis clases de geografía de la secundaria y preparatoria habían dado sus frutos, pues México realmente está curbierto de montes, colinas y montañas.

Vivir del vuelo, ha de ser realmente impresionante pues, esas montañas, vistas desde las alturas, parecen hechas de tela suave y sedosa.

Tras un breve, rápido y sencillo refrigerio proporcionado por las azafatas de l avión, me di cuenta que las nubes nos habían rodeado por completo.

Al principio, parecían escalones al cielo, pero pronto se volvieron tan densas y espesas que parecía que podías bajar y dar un paseo sore ellas. No era algo para preocuparse, porque, aún con la turbulencia, era un paisaje maravilloso.

No me di cuenta cuando me quedé dormida, pero cuando desperté las nubes se habían vuelto escalones moldeados a la perfección y, debajo de ellos, esaba el mar, como pintado por el artista más inspirado que jamás hubiese conocido.

Una vez más agradecí a mis dos maestros de geografía sus clases pues, vi que esta parte del país era una perfecta planicie que, pincelada a pincelada, había sido grabada para ser admirada.

Ahora estamos descendiendo, virando a la izquierda y a la derecha, la presión oprime mis oídos y me impide e
scuchar mis propios pensamientos. Pero estamos llegando al paraíso mexicano del cual nos sentimos orgullosos, el clima parece agradable y eso se agradece enormemente, pues, aunque prefiero la lluvia, los cambios siempre terminan por ser buenos.

sábado, 20 de junio de 2009

Esta no es mi creación, pero me inspira...

La vida es corta.
Rompe algunas reglas.
Perdona rápido.
Besa lentamente.
Ríe incontrolablemente.

Y nunca, te arrepientas de nada que te haya hecho sonreir.

jueves, 18 de junio de 2009

Dejó que la lluvia empapara su rostro.
Dejó que sus oídos escucharan caer cada gota.
Cerró sus ojos ante el mundo que lo rodeaba.
Olía a tierra mojada, eso era algo que recordaba bien...

Allí, atrapado en aquella ciudad tan abarrotada. En la azotea de mi casa, de donde todo se veía mejor; empezó a llorar.

Una por una, sintió como caían por sus mejillas; saboreando cada gota salada.
Extrañamente eran calientes...
Pero, por cada lágrima, vi que te iba olvidando, que te estaba dejando atrás. A tí y a esos recuerdos, a esos hermosos recuerdos.

Recuerdos que hoy, duelen.

Esta bien si ya no estamos juntos, será lo mejor para los dos... supongo. -Fue lo que dijo, tras varios minutos que me parecieron horas. -Estaré bien.

No quieres que te lleve a casa?-Le pregunté. Sabía que estaba herido y no quería dejarlo así.

No, quiero caminar, pero gracias.- Se despidió de mí con un cálido abrazo. No recuerdo que se despidiera de mí así desde que éramos niños.

Decidí que era lo mejor, que estaría bien. Era fuerte.

Yo por mi parte, estaba cansada y necesitaba dormir. Dejaría mi celular encendido toda la noche, seguro querría hablar y la noche era su momento favorito.

Estarás bien, te lo aseguro.

sábado, 13 de junio de 2009

Es de mis mejores recuerdos.

La luz de la Luna a través de la ventana.

Recuerdo como se filtraba a través de la cortina hasta llegar a mi cama.

Ni siquiera sé muy bien como sucedía, pero así era.

Te preguntarás ¿cómo? Pues sí. Siempre dormí en la cama de abajo y es difícil ver por la ventana desde allí; además vivo en la ciudad. En una ciudad llena de luz y sonido las 24 hrs del día. Lo más obvio sería que viera más luces que estrellas. Y sin embargo, no rea así. Era como sí ella me buscara.

Sí, la misma Luna.

jueves, 11 de junio de 2009

Eso era lo único que merecía mi atención. El tic-tac del reloj. Su interminable melodía y su perfecto ritmo.
No es que crea al tiempo lo suficientemente importante. No lo es, de eso por lo menos si estoy segura. Pero el sonido era constante, armonioso. Merecía ser escuchado.

En el otro cuarto, se escuchaba la acalorada conversación de mi familia y amigos. O bueno, así se hacían llamar; pero... No me sentía a gusto con ellos.
Ni con el abrazo de aquellos a los que creí amar, o la compañía de aquellos que creía conocer.

¡Oh! ¡Eso sí que es osado! (O rosado? Ja!).

No, pero se requiere valentía para admitir que alguien conoce a otro alguien.
¿Será valentía o pura tontería?
Solo idiotez. Todos sabemos que no puedes conocer a nadie.
Permanecemos ignorantes ante el pensamiento ajeno. Vivimos entre extraños, y aún con esa realidad inminente; no dejamos de buscar a ese alguien que nos haga sentir especial.
¿Especial? Admitámoslo, no somos especiales. Somos sólo un error de la naturaleza, una falla en el planeta. Sin ton ni son. Sólo somos.

Pero, ¿por qué entonces nos asusta la soledad? ¿Qué es aquello que tanto nos atormenta?
Es eso. Estar sin nadie a tu lado. Pensar, reflexionar, vivir, existir. Conocerte Y reconocerte a tí mismo.

¿Es eso lo que tanto asusta? ¿Darse cuenta de su verdadera personalidad? ¿Les da temor notar la realidad de su ser? Probablemente.

No entiendo que tiene de malo la soledad. Muchas veces es la mejor compañera.
O incluso, una amiga.

Supe de alguien, no de alguien cualquiera, de UN alguien, que, para él; la soledad era una droga. Que no se puede vivir sin ella pero tampoco con ella.
Realmente creo que es así. Y, aunque jamás lo había pensado de esa forma, me encanta.

Continúa el reloj con su interminable tic-tac. A muchos los desespera, a mí en cambio, me relaja; porque a diferencia del mundo en el que vivimos, es constante.

martes, 2 de junio de 2009

Estaba nublado, era de noche y no sabía muy porque seguía afuera.
Tal vez sólo quería alejarse de aquel lugar al que alguna vez llamó hogar. Alejarse de los gritos, el llanto, las discusiones. Pero sobre todo, quería alejarse del dolor.
Sabía bien que no se podía vivir sin él, pero, simplemente... En ese momento era demasiado.

Ni siquiera recordaba bien en que momento había salido. Hacía un par de horas, creo. Volvería en un par de horas más. Siempre volvía.

Subió la cremallera de su sudadera y se ciñó la capucha a la cabeza. Pronto llovería.

Sentía las monedas y los billetes en la bolsa de aquella sudadera que tanto le gustaba; no sabía bien cuanto dinero traía pero más le valía saberlo pronto, porque no tenía ni idea de en dónde estaba y tendría que tomar el transporte público para regresar a casa.
Por ahora eso no importaba.

Por lo menos, eso nunca había faltado en el lugar en que vivía; aunque no sabía bien que tan bueno era eso.

¿Qué más da? Pensó sin darle mucha importancia.

Entró a una pequeña cafetería que, aunque no lucía mucho por fuera, se veía bastante acogedora por dentro.

Deteniéndose en la entrada, se fijó en cada uno de los detalles del lugar. Los sillones bajos en vez de sillas, los pósters de películas famosas donde debería de haber cuadros; todos los estilos y formas de arte mezclados entre sí cubriendo cada elemento del restaurante.

Se sentó en el más mullido de los sillones, aquel que daba a la ventana, la más alejada de la puerta. Tal vez éste se volvería mi lugar secreto, pensó disimulando una sonrisa.

Miró la carta que tenía en la mesa y pidió un latte de vainilla con un pay de queso a la mesera que se le había acercado, apenas la había mirado y sin embargo le dirigió una sonrisa. Se quedó mirando las gotas de lluvia que se estrellaban contra la ventana sin pensar en nada más. Se estaba acomodando en el sillón cuando escuchó que alguien entraba.
Allí estaba ella, parada como si fuese la reina del lugar. Con ese extraño aire de inocencia que la hacía inconfundible.


Después de todo, el día no se había desperdiciado, no del todo.