miércoles, 18 de marzo de 2009

Por desgracia, desde pequeña supe cuando alguien me mentía...
Cuando mamá decía que haríamos algo, yo sabía que no era verdad. Cuando mi papá hablaba de Navidad y los Reyes Magos, cuando mi hermano afirmaba que mis papás no discutían, que no peleaban.
Cuando mis amigos negaban algo.
Cuando la gente prometía cosas...

¿Por qué para mi desgracia? Porque me dolía ver cómo la gente que quería, en la que solía confiar; me engañaba, me traicionaba y me sonreía fingiendo que todo estaba bien.

¿Cómo podían? Sonreir y decir que todo estaba bien y que nada de eso era cierto. Mirarme a los ojos y continuar con sus explicaciones sabiendo que me engañaban.

¿Cómo podía yo, devolverles su mirada y continuar escuchando?
Fácil.
Fingiendo una sonrisa, escondiendo mis sentimientos y ocultando un dolor en mi pecho. Un dolor que seguirá acumulándose hasta que ... ¿Hasta que qué?
No tengo la más mínima idea.

Talvez hasta que un día explote y ya no pueda aguantarlo más. Un día que en el que no pueda aguantar mentiras y falsedades por parte de nadie; incluso de la gente a la que aprecio.
Es triste, lo sé. Que la gente siga inventando cosas sin objetivo alguno.

Porque esa es la única verdad. Las mentiras no sirven, tarde o temprano alguien las descubre y causan mucho dolor...

Mi pregunta aquí es, ¿es la verdad la respuesta?

La cruda realidad, es que muchas veces mentimos para no herir a quienes amamos.
Mentimos hasta que nos convencemos de que esa mentira es la realidad.
Pero en el fondo, muy en el fondo, sabemos que no es así. Conocemos la realidad, la verdad; y nos duele afrontarla.

Mentimos para sentirnos mejor, unque sea sólo por un momento.
Porque sabemos, cada que nos vamos a dormir; que la realidad continúa allí.
Atormentándonos.


-Odio las mentiras...-

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